El fotógrafo de Leipzig Adrian Sauer es tan original como prolífico en su exploración de los principios de un medio que ha cambiado más que ningún otro en los últimos tiempos. Hace dos décadas, cuando el procedimiento digital comenzó a reemplazar la fotografía analógica, no fueron pocos los críticos que anunciaron el principio del fin de la fotografía. Algunos incluso predijeron su muerte. El trabajo fotográfico de Sauer es una decidida protesta contra todas aquellas conjeturas. Sin embargo, el artista no se limita a ilustrar los fundamentos de la nueva tecnología fotográfica y a mostrar cómo esta permite formas radicalmente nuevas de exposición. Ni tampoco se atiene a poner en evidencia nuestra presencia, la de quienes vemos las imágenes y somos el continuo objeto de la fotografía. En sus primeros trabajos, por ejemplo, Sauer utilizaba la intervención manual para modificar cada detalle de las fotografías de tal manera que, al final, la fotografía propiamente dicha había desaparecido y había sido reemplazada por una especie de boceto manual tratado por ordenador. Hace falta tener un ojo muy avezado para contemplar las obras de Sauer y detectar y apreciar de manera crítica las diferencias que surgen. Así, los detalles juegan un papel fundamental en su trayectoria, incluso en los trabajos más recientes.
Lo que hace Sauer en esta ocasión es utilizar un espectro de expresión inmenso pero finito: el modelo de color RGB, cuyo carácter hermético requiere de una reinterpretación constante. Tanto si se han alineado casualmente de esa manera como si se trata de una disposición perfectamente calculada, los 16.777.216 píxeles que componen cada fotografía solo se repiten una vez. Contemplar un trabajo así equivale a realizar una reflexión con los ojos bien abiertos sobre la relación entre cálculo y belleza.
22.01.2013 (a)22.01.2013 (b)06.01.2013 (b)06.01.2013 (a)