Los museos privados de renombradas personalidades del coleccionismo están considerados otros tantos enriquecimientos del paisaje artístico y son la meta de verdaderas peregrinaciones. En ellos también se manifiesta siempre una peculiar biografía, lo cual añade no poco a su encanto. Que también los galeristas no solo vendan arte, sino que lo vayan reuniendo con conocimiento de causa en sus propias colecciones, resulta lógico, pero no despierta tanta atención, salvo en casos excepcionales como la Colección Beyeler. Galeristas como Bärbel Grässlin —cuyo clan proporciona periódicamente en el Kunstraum Grässlin, en la Selva Negra, la posibilidad de conocer la colección familiar, a la que la marchante efectúa sustanciales contribuciones— o Helga de Alvear, que encontró en España el domicilio adecuado para su colección, siguen modelos diferentes.

 

En el centro de Cáceres, lejos de su galería de Madrid, Helga de Alvear se topó con el lugar ideal para su Centro de Artes Visuales. Ahora bien: aunque todo parecía ya solucionado, ese ambicioso proyecto va a requerir más tiempo del previsto. El último objetivo era terminar la segunda parte del complejo para finales de 2019, pero ahora la respuesta que se da a las preguntas formuladas al respecto es la siguiente: “No podemos garantizarlo”. El edificio de ampliación se está construyendo —informa Alberto Gallardo González de Castejón— “y esperamos que se pueda inaugurar pronto”.

 

Eso mismo lo hubiese podido anunciar hace dos años. En aquel entonces se mencionaba como fecha de la inauguración 2018. Pero todavía no se pueden inspeccionar ni siquiera las obras. Al parecer los retrasos son considerables. Es una pena. La galerista y mecenas, que nació en Renania-Palatinado y en 1959 se casó con un español, creó su fundación a los 70 años de edad y este año cumple los 82. Su colección comprende cerca de 3.000 obras que va a legar al Gobierno regional de Extremadura. Ya va siendo hora de que este proyecto llegue a su meta en la ciudad de Cáceres, reconocida por la UNESCO como perteneciente al Patrimonio de la Humanidad.

 

Desde 2010 Helga de Alvear viene presentando exposiciones temporales en un impresionante edificio histórico, la Casa Grande, a la que Emilio Tuñón está añadiendo una edificación de nueva planta con un coste de diez millones de euros y 3.000 m2 adicionales de superficie expositiva. En conjunto el centro de arte tendrá una superficie de 8.000 m2. Tuñón trabajó con Rafael Moneo, abrió en 1992 su propio estudio con Luis Moreno Mansilla, dio clases en la Städelschule de Fráncfort del Meno, entre otros lugares, y ha construido museos relativamente pequeños. Cuando algo no va tan deprisa como debiera, los españoles suelen decir que es “muy complejo”. Tan sencillo como eso.

 

Dorothee Baer-Bogenschütz